La semana pasada, quienes trabajamos por una movilidad más segura y sostenible recibimos una noticia que nos dejó más que sorprendidos: el Ministerio de Vivienda y Urbanismo decidió no continuar con la licitación de la tercera etapa de la ciclovía del Eje Alameda. Un tramo clave, entre Estación Central y Pajaritos, que ya contaba con diseño, financiamiento y todas las aprobaciones técnicas necesarias, quedó en pausa. Y lo más llamativo: esta decisión se toma a menos de un mes de que los primeros tramos inaugurados mostraran cifras contundentes, con hasta 7.000 usuarios diarios en algunos sectores.
No es un detalle menor. Esa cifra no es un número frío: son miles de personas que eligieron la bicicleta como medio de transporte, que encontraron en ese trazado una forma segura de moverse por la ciudad. Detener el avance hacia el poniente no solo frena una obra, sino que profundiza una brecha que ya es evidente: mientras el sector oriente de Santiago ha visto crecer su infraestructura ciclista, comunas como Estación Central, Lo Prado y Maipú siguen esperando conectividad digna. La equidad territorial no es un concepto abstracto; se juega en decisiones como esta.
En Educleta creemos que la movilidad activa es una herramienta de justicia social. Por eso nos parece especialmente contradictorio que esta paralización ocurra justo ahora, cuando el precio de los combustibles no deja de subir y cada vez más familias buscan alternativas económicas para trasladarse. La bicicleta es una de ellas: autónoma, limpia, accesible. En la Región Metropolitana se realizan cerca de 1,5 millones de viajes diarios en bicicleta, casi un 8% del total. Eso no es una moda, es una realidad instalada que exige respuestas concretas.
Detener una obra que ya estaba aprobada y financiada no es solo una mala señal; es un retroceso. La ciudadanía merece coherencia: si se reconoce que la bicicleta es parte de la solución para descongestionar la ciudad y reducir emisiones, entonces hay que invertir en infraestructura que lo haga posible. No se trata de ciclovías aisladas, sino de una red interconectada que permita a las personas moverse con seguridad sin importar la comuna donde vivan.
Llamamos a las autoridades a revertir esta decisión. La Alameda es el corazón de Santiago, y su ciclovía debía ser una columna vertebral para miles de ciclistas. Frenarla no es un gesto técnico, es un gesto político. Y la ciudad —especialmente su sector poniente— merece un gesto distinto: uno que avance, que integre, que no deje a nadie atrás.
La bicicleta llegó para quedarse. Ahora solo falta que las políticas públicas estén a la altura.
Educleta

