Editorial: La flota que no llega

El estudio realizado por Ariel López ha encendido todas las alarmas en Educleta. La evidencia es clara y preocupante: en horas punta, circulan cerca de 1.000 buses RED menos de lo comprometido en Santiago. El plan operacional oficial no ha cambiado, pero la calle, tozuda y real, muestra otra verdad.

Paraderos llenos, pasajeros que esperan bajo el sol o la lluvia, micros que no vienen o que pasan colmadas. Esa es la experiencia cotidiana de millones de santiaguinos. Pero lo que parece una simple molestia es, en realidad, un problema profundo de seguridad vial. Cuando los buses escasean, la desesperación del usuario crece. Y la desesperación lleva a decisiones riesgosas: cruzar la calle sin precaución, correr detrás de una máquina que va partiendo, empujar para subir, bajar en lugares no habilitados.

Un sistema de transporte que no cumple con la frecuencia comprometida no solo es ineficiente: es inseguro. Cada bus que falta en horas punta es una oportunidad perdida para trasladar personas de manera digna y, sobre todo, protegida.

Desde Educleta hacemos un llamado urgente a las autoridades. No basta con que el papel diga una cosa. Es necesario fiscalizar, auditar y exigir que lo comprometido se cumpla en calle. Los usuarios no merecen promesas vacías. Merecen un transporte público que cuide sus vidas. Porque una movilidad segura comienza por un sistema que realmente funciona.